Un refinado juego de estrategia de madera. Ofrece partidas dinámicas que estimulan la reflexión, la observación y las habilidades tácticas.
Un juego de PYXOR.
- 1 tablero de madera.
- 15 canicas verdes.
- 15 canicas blancas.
- 1 bolsa de algodón.
- 2 soportes de madera.
- 1 caja de almacenamiento de madera.
Objetivo del juego:
Ser el primer jugador en alinear 4 canicas seguidas (horizontalmente, verticalmente o diagonalmente).
Preparación de la partida:
1.Cada jugador elige un color y pone las canicas de ese color en un soporte frente a él.
Una partida
Por turnos, cada jugador irá poniendo una canica.
Fin de la partida.
Cuando un jugador consiga alinear 4, la partida finaliza y será el ganador.
Hoy hablamos de Woodline, cuya producción es una auténtica pasada. Es de esos juegos que, antes incluso de explicar cómo se juega, ya te apetece tenerlo en la mesa.
Y precisamente esa combinación de madera + canicas me parece uno de sus mayores aciertos. No estamos ante el típico juego de plástico que simplemente cumple su función: aquí los componentes forman parte de la experiencia. El tablero tiene ese aspecto de objeto decorativo que perfectamente podrías dejar encima de una mesa y, cuando empiezas a colocar las canicas, visualmente gana todavía más.
A nivel de juego, Pyxor plantea una especie de cuatro en línea reinventado, en el que tienes que conseguir alinear cuatro canicas de tu color, pero intentando anticiparte constantemente a lo que va a hacer el rival. Es sencillo de explicar, pero precisamente porque la partida dura tan poco, cada movimiento importa muchísimo.
Y aquí me mojo: creo que es mucho más interesante de lo que puede parecer viendo solamente la mecánica. Este tipo de juegos abstractos tienen el peligro de quedarse en «qué bonito es», pero en Woodline creo que la producción y el diseño van bastante de la mano. La rapidez de las partidas hace que no tengas tiempo de acomodarte: juegas, ves cómo te ha leído el rival, intentas cambiar el planteamiento y vuelves a echar otra. Es muy fácil que una partida de cinco minutos se convierta en media hora sin darte cuenta.
Además, me parece un producto especialmente conseguido para alguien que busque un juego para dos que no sea aparatoso y que tenga ese punto de objeto especial. No necesitas montar una gran mesa de juego, no hay cartas que leer ni una preparación complicada y la partida prácticamente se explica sola. Es el típico juego que puedes sacar después de comer, echar un par de partidas y recogerlo en cuestión de minutos.
Y sinceramente, yo creo que aquí Pyxor ha entendido muy bien lo que puede hacer atractivo a un abstracto. La mecánica es sencilla y reconocible, pero la presentación hace que tenga personalidad propia.
Así que mi opinión es bastante clara: si te gustan los juegos de dos, los abstractos y los juegos de madera, Woodline me parece un producto muy apetecible. No lo compraría esperando encontrar una revolución en las mecánicas, porque no va por ahí; lo compraría porque consigue coger una idea muy sencilla y convertirla en un duelo rápido, elegante y tremendamente agradable de jugar y de tener en mesa. Y cuando un juego consigue que los componentes te den ganas de jugar antes incluso de conocer las reglas, para mí ya tiene bastante ganado.







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